lunes, 17 de diciembre de 2012

Relato El viejo y la Navidad

Aqui os dejo esta vez un pequeño relato y por supuesto un vídeo que espero os guste.



Aquí estoy sentado en mi vejez, al lado de la ventana, recluido en esta silla infernal de la cual hace ya diez años no me puedo separar, sin otro aliciente que ver como cae la lluvia densamente a través del cristal. En la calle veo a través de las gotas de lluvia como relucen las luces que atraviesan la calle de una Navidad que esta próxima. Veo como una madre con sus dos hijos corre para cruzar la calle, cargada de bolsas de regalos, seguramente ultimando las últimas compras. Esto me trae recuerdos de mi niñez, dónde todo era más simple; la Navidad se esperaba para comerte un buen pollo guisado, algo con lo que no contabas todos los días, los regalos se limitaban a algún jersey que tejía tu madre o abuela, y algún juguete de madera como camiones o carros que te hacían artesanalmente tu padre o tíos. Luego fui creciendo y a la vez que crecía la navidad cambiaba, ya no era como antes, gracias a que nuestras economías iban mejor, tuve un trabajo estable lo que me hacia llevar a casa de mis padres lo que ellos no habían tenido. Estudie a la vez que trabajaba y me labre un porvenir, con lo que vinieron mejores Navidades. Estas ya no consistían en pollo guisado y regalos de tercera, aquí ya había marisco, ternera y jamón ibérico, para mis sobrinos los regalos eran los juguetes de última generación. Luego conocí a María, mi dulce María, lo tenía todo guapa, dulce, encantadora, esplendida. Con ella las navidades eran diferentes, eran dulzura, amabilidad, risas, todo eso a parte de comer beber y hacernos regalos. Me case con maría un 21 de Diciembre, nuestra luna de Miel la decidimos pasar con las familias de ambos, encerrados en una casa de campo en la montaña, nunca pase unas navidades igual, las mejores de toda mi vida. Nunca tuvimos hijos, no pudimos por desgracia, algo que tampoco nos importo mucho, éramos felices el uno con el otro, vinieron otras navidades y con María siempre eran como si nunca hubiera vivido otras. Aún la recuerdo cuando estaba concentrada y sacaba la punta de la lengua entre los labios, o su risa cantarina que contagiaba a todos los que nos encontrábamos alrededor. A María se la llevo un cáncer y con ella se fue mi navidad y mi alegría. Y ahora aquí estoy en el ocaso de mi vida sentado a la misma silla de siempre, dónde me he vuelto a reencontrar con mi vieja amiga la Navidad de la mano de Carlos, otro viejo estúpido como yo, como el mismo me dice y se echa a reír. Carlos digamos que me ha adoptado junto a su familia, hijos y nietos, ya que la mía (sobrinos a distancia) no quieren saber nada de mí. Con Carlos me han vuelto las ganas de vivir antes perdidas, y solo pido que se me lleve antes a mí que a él…. Y ahora os deja este viejo, que se va a ayudar a Carlos y las chicas de la residencia a decorar los pasillos con cintas y bolas de colores, para aportar nuestro granito de arena y si podemos hacer felices a algunas personas pues mejor. Y, recordar ser y hacer felices a los demás y que nadie absolutamente nadie os amargue la vida. ¡¡¡FELIZ NAVIDAD DE UN VIEJO ALEGRE OTRA VEZ!!! , un momento que me dice Carlos que él también os desea Feliz navidad. José Manuel Angulo Zaragoza 2012

viernes, 14 de diciembre de 2012

Opinión de El Salón Dorado

Aquí os dejo a todas una breve opinión de lo que me ha parecido el libro, animaros y comentar que es gratis. y a la vez os dejo una canción que seguro os va a gustar.







¿Que me ha parecido?, pues bien es un libro plagado de datos históricos  con una primera parte en Constantinopla y Roma donde aburre bastante ya que parece que estas leyendo un tratado de historia, a mi la verdad la parte que mas me ha gustado ha sido la parte que trata en la taifa de Zaragoza ya que yo soy de aquí y por lo menos he aprendido algo de la Zaragoza del siglo XI. Aunque a veces también me he aburrido con tanto nombre Árabe e incluso también en alguna ocasión te pierdes con tanto Al-Mutaman y compañía. La verdad no es un libro que me haya gustado mucho, desde luego no lo incluiría en la lista de mis favoritos.

El Cid al servicio de la taifa de Zaragoza


Primer destierro: al servicio de la taifa de Zaragoza

Sin descartar del todo la posible influencia de cortesanos opuestos a Rodrigo Díaz en la decisión, la incursión del castellano contra el territorio de al-Qadir, el régulo títere de Toledo protegido de Alfonso,44 le causó el destierro y la ruptura de la relación de vasallaje.
Palacio de la Aljafería, residencia de al-Mutamán, a quien sirvió el Campeador entre 1081 y 1086.
A finales de 1080 o principios de 1081, el Campeador tuvo que marchar en busca de magnate al que prestar su experiencia militar. Es muy posible que inicialmente buscara el amparo de los hermanos Ramón Berenguer II y Berenguer Ramón II, condes de Barcelona, pero rechazaron su patrocinio.43 Rodrigo, entonces, ofreció sus servicios a reyes de taifas, lo que no era infrecuente, pues el propio Alfonso VI había sido acogido por al-Mamún de Toledo en 1072 durante su ostracismo.45
Junto con sus vasallos o «mesnada» se estableció desde 1081 hasta 1086 como guerrero bajo las órdenes del rey de Zaragoza, al-Muqtadir, quien gravemente enfermo fue sucedido aquel 1081 por al-Mutamán. Este encomendó al Cid en 1082 una campaña contra su hermano el gobernador deLérida Mundir, el cual, aliado con el conde Berenguer Ramón II de Barcelona y el rey de Aragón Sancho Ramírez, no había acatado el poder de Zaragoza a la muerte del padre de ambos, desatándose una guerra fratricida entre los dos reyes hudíes del Valle del Ebro.46
La hueste del Cid reforzó las plazas fuertes de Monzón y Tamarite y derrotó a la coalición, formada por Mundir y Berenguer Ramón II, ya con el apoyo del grueso del ejército taifal de Zaragoza, en la batalla de Almenar, donde fue hecho prisionero el conde Ramón Berenguer II.46
Alfonso VI de León y Castilla en una ilustración del siglo XII.
En tanto que al-Mutamán y el Campeador luchaban en Almenar, en la inexpugnable fortaleza de Rueda de Jalón el antiguo rey de Lérida Yusuf al-Muzaffar, que en este castillo estaba prisionero, destronado por su hermano al-Muqtadir, planeó una conspiración con el alcaide de esta plaza, un tal Albofalac según las fuentes romances (quizá Abu-l-Jalaq). Aprovechando la ausencia de al-Mutamán, el monarca de Zaragoza, al-Muzaffar y Albofalac solicitaron que acudiera Alfonso VI con un ejército para sublevarse a cambio de cederle la fortaleza. Alfonso VI vio además la oportunidad de volver a cobrar las parias del reino de Zaragoza y marchó con su hueste, comandada por Ramiro de Pamplona (un hijo de Sancho el Mayor) y el noble castellano Gonzalo Salvadórez, hacia Rueda en septiembre de 1082. Pero murió al-Muzaffar, y el alcaide Albofalac, al carecer de pretendiente al reino zaragozano, cambió de estrategia y pensó congraciarse con al-Mutamán tendiendo una trampa a Alfonso VI. Le prometió al rey de León y Castilla entregar la fortaleza, pero cuando los comandantes y las primeras tropas de su ejército accedieron a las primeras rampas del castillo tras franquear la puerta de la muralla, comenzaron a arrojarles piedras desde lo alto que diezmaron la mesnada de Alfonso VI, quien había quedado, precavidamente, esperando entrar al final. Murieron Ramiro de Pamplona y Gonzalo Salvadórez, entre otros importantes magnates cristianos, aunque Alfonso VI esquivó la celada. Poco después el Cid se personó en el lugar de los hechos tras haber estado en Tudela, probablemente enviado por al-Mutamán previendo un ataque leonés y castellano a gran escala, y aseguró a Alfonso VI que no había tenido ninguna implicación en esta traición, explicaciones que Alfonso aceptó. Se especula con que tras la entrevista pudo haber una breve reconciliación, pero solo hay constancia de que el Cid volvió a Zaragoza al servicio del rey musulmán.47
En 1084 el Cid desempeñaba una misión en el sureste de la taifa zaragozana, atacando Morella, posiblemente con la intención de que Zaragoza obtuviera una salida al mar.48 Al-Mundir, señor de Lérida, Tortosa y Denia, vio en peligro sus tierras y recurrió esta vez a Sancho Ramírez de Aragón, que combatió contra Rodrigo Díaz el 14 de agosto de 1084 en la batalla de Morella, también llamada de Olocau —si bien en 2005 Boix Jovaní postuló que se desarrolló algo más al norte de Olocau del Rey, en Pobleta d'Alcolea—.49 De nuevo el castellano se alzó con la victoria, capturando a los principales caballeros del ejército aragonés (entre los que se encontraban el obispo de Roda Ramón Dalmacio o el tenente del condado de Navarra Sancho Sánchez)50 a quienes seguramente liberaría tras cobrar su rescate. En alguno de estos dos recibimientos apoteósicos en Zaragoza podría haberse recibido al Cid al grito de «sīdī» ('mi señor' en árabe andalusí, a su vez proveniente del árabe clásico sayyid), el apelativo romanceado de «mio Çid».